domingo, 22 de noviembre de 2009

Noche de insomnio

Era de noche y hacía un poco de frío tanto dentro como fuera de la casa, al saber la noticia partimos en el auto acompañados siempre por una densa neblina. El trayecto parecía una eternidad que duro cerca de tres a cuatro horas y sin embargo no tenía frío ni sueño, si una tremenda angustia en mi corazón ya que mi mamá llora al teléfono por que decían ya habían cambiado todas las cosas del comedor a lo que yo hasta entonces no comprendía.

La sala del comedor estaba distinta: sillas negras y cafés una al lado de la otra, en el centro de la habitación en vez de la acostumbrada mesa de seis personas se encontraba un féretro que sostenía el cuerpo tibio e inerte de mi abuelo, con quien pase toda mi infancia.


Todo era llanto, desorden y una cantidad de gente que en mi vida había visto ¿mi madre? ¿Dónde se metió? Estaba bajo el nogal que había plantado en su niñez con mi tía Clara, sentada con las rodillas en el rostro al igual como lo hacia cada vez que le angustiaba algo en su infancia, sollozando una perdida muy grande.


Ricardo que estaba entremedio de toda la gente que no conocía, se acerco a mí y con una voz pausada me preguntó si quería salir de ahí ya que me vio derramando lágrimas, al escuchar su voz levante la vista pegada al suelo, le sonreí y accedí a la petición. Me tuve que sostener en sus brazos por que sentí que se me tulleron las piernas y no pude caminar en un principio de este modo salí del asfixiado lugar a causa de la multitud, ¿te acuerdas de mi?, me preguntó una vez más calmada y respirando aire fresco, no mucho la verdad, le dije mirando hacia algo que me hiciera recordar su nombre o el porqué debía recordarlo, Soy Ricardo, el hijo de Javiera, ¿la hija de mi tía Raquel?, ese mismo.


Todavía estaba nublado y corría una leve brisa a esa hora de la noche, devolvámonos me dice tomándome las manos para invitarme a levantarme, no quiero ir a la casa, me hace mal estar cerca y evitar llorar recuerdo haberle dicho mientras me restregaba los ojos, esta bien pues entonces vamos a la casa de mi abuela, dijo él; la casa de mi tía queda muy lejos, no te preocupes mi tío nos llevaría si se lo pregunto.


La casa de mi tía es acogedora, entramos y el ambiente estaba tibio y con olor a brazas calientes. Calentamos agua en la tetera mediana y nos servimos una leche y dos cafés calientes para entibiarnos, no tenía pijama así que Eric me presto uno suyo y posteriormente se apagaron las luces de la gran casa. A la madrugada comenzó a llover torrencialmente.


La mañana estaba despejada con ese olor característico a tierra mojada por la nubarrón y el rocío matutino, la vaguada costera estaba muy baja, un frío recorrió todo mi cuerpo llegándome a estremecer, fui la primara en despertar pues la verdad no dormí nada esa noche por mi abuelo, decidí ir a dar una vuelta por unos de los cerros junto a la casa: las gallinas cacareaban para poner sus huevo mientras que los perros, uno viejo y el otro joven andaban por ahí cada uno haciendo su vida sin llantos ni preocupaciones, el sol se hacia cada vez más imponente hasta que me izo sacarme la chaqueta colgada en mi hombro, dejándome con una bufanda color verde mientras seguía caminando. Recuerdo haber caminado hasta llegar a una reja de alambres de púas en donde me senté en una gran piedra lisa; poniendo la chaqueta encima de ésta estuve hasta que el perro más viejo que me seguía se poso ante mi para que le acariciara la cabeza mientras él la ponía entre mis rodillas, Vi hacia mi horizonte que eran un gran cerro verde con plantaciones de viñedos y de sus faldas se desprendía un caminito de piedras y tierra suelta hasta desembocar en una calle de calamina por donde pasaban camiones con carga maderera y un bus que pasaba en la mañana y en la noche. En unos segundos me vi acompañada de mi abuelo en la casa donde entonces lo velaban, era la siesta y él aún no se iba a acostar. La visión se fue de mi mente al escuchar los ladridos del perro más joven que venia corriendo hacia mí y un poco más atrás se podían sentir los gritos de los chiquillos llamándome.








Alengüei

Extracto

Santiago se veía enorme al lado de San Fernando: Vehículos por donde se quisiera hacían atochamientos en cada esquina y las casas de dos pisos pareadas que Isabel en un comienzo creyó que dos casa eran una sola, micros de colores circulaban las calles, enormes maquinas hacían un ruido estruendoso al construir un hospital, colegios a cada cierta cantidad de cuadras con montones de niñitos inquietos reclamando para ir a casa antes que se toque el timbre mientras que el inspector de patio y un portero redecían a los malandrines para que no se escabulleran más allá de la reja. De esta forma seguían avanzando por las calles que si no fuera por que Eric vivía aca se formarían verdaderos laberintos e Isabel observaba con extrañeza que el contexto social de las viviendas cambiaba abruptamente de aspecto dejando dar rienda suelta a la imaginación. Finalmente y después de mucho andar llegaron a una villa habitualmente cerrada por un gran portón negro en donde vivía Clara. Solo se podía ingresar al recinto con la autorización del conserje, al verlos éste tomó una bitácora con los nombre de los residentes y luego les preguntó: “nombre y apellido de quien vienen a visitar” a lo que Eric contesto: “Clara Medina”, El hombre revisó la lista y al ver el nombre en ella los hizo pasar, se abrió rechinante la puerta rechinante la reja y el auto avanzó: las casas eran pareadas todas de primer piso pintadas, la mayoría, de color ladrillo, las ventanas tenían protecciones negras y alguna que otra casa las tenían de color blanco, con distintos diseños cada una y al fondo de la villa se podía ver claramente estacionada una micro amarilla de la ruta seiscientos doce. La casa estaba ubicada al tercer lomo de toro, a mano derecha, al fondo, la casa a la izquierda.

La casa se divide en un living, comedor, cocina, un baño, dos piezas, afuera en el patio trasero: jardineras, baldosas amarillas y dos piezas más; al lado de las piezas estaba un lavadero color tierra adentro de un pequeño corredor que conectaba hacia el ante jardín a través de una puerta café cuya parte superior era ovalada. Clara los esperaba ansiosa ya que ellos y Andrés eran los únicos que faltaban para dar la bienvenida a Lientur de su regreso desde las cercanías del volcán Chaiten.

-¡Que bueno que estén aquí niños míos!
- Tía – dice Eric – la Isa estaba desorientada por que no conocía nada de nada y desconocía la forma de las casas
- No es para tanto Eric si igual conozco algo, mi mamá me trajo cuando era niña al doctor
- ¡Ah! Pero eso no es gran cosa, eras muy pequeña y no vale porque entonces no tenías conciencia. Tía a todo esto cuando llega el Lientur desde Chaiten
- Ya está en Santiago en la casa de su polola
- ¡Polola! – dice Isabel en voz baja
- ¿Qué es lo que dices? – Eric le preguntó a la muchachita cabizbaja
- ¿Yo? Nada, es que me sorprendí cuando Clara lo dijo. ¿Tía dónde esta el baño?
- A mano derecha, al fondo
- Gracias, Compermiso
- Adelante

Isabel fue al baño con ganas de llorar, puesto que tenía los ojitos húmedos porque no podía creer que Lientur la olvidaba tan fácilmente

- ¿Qué le pasa a la Isabel que se demora tanto en el baño?
- No lo sé tía – le dice Eric como queriendo no adivinar el motivo de su prima

Después de unos minutos Isabel sale al comedor y se encuentra cara a cara con Lientur que venía llegando de su viaje y dejaba sus cosas camino a la pieza.

- Hola Isa
- Lientur que bueno verte
- Si, permiso – pasó por su lado si decir nada más dejándola pasmada de asombro
- Andrés ¿quieres bebida?
- Gracias tía
- De nada hijo
- Clara – dice de pronto Raquel
- ¿Si?
- Quiero hablar una palabrita contigo
- Por supuesto Raquelita ven acá nadie nos va a molestar
- Bien
- Te escucho hermanita
- Bueno sucede que Eric desde un tiempo ha esta parte se ha vuelto muy amo de Isabel después de que tu hijo se fue
- Que bien, pero no entiendo por que pones ese tono de procuración
- Lo que pasa es que o me gusta mucho, es que como Lientur e Isabel estuvieron toda una vida juntos y ahora él vuelve, pero siento que no es lo mismo, se han tomado una cierta distancia y es muy notoria
- Raquel, tu bien sabes, aunque no se ha dicho nunca, que Isabel y mi hijo sintieron algo alguna vez, sin embargo ahora Lientur esta pololeando y por fin se desligo de Isabel
- Si Clara sé lo que ha pasado con ellos desde niños y por eso tengo miedo que la historia se vuelva a repetir con mi hijo Eric. Presiento, es más estoy segura, que él siente algo por la hija de Marcelo
- Mmm

Por otro lado de la casa se encontraban Marcelo, Eric, Andrés y Lientur conversando en el patio haciendo una rija y jugosa carnecita a la parrilla.

- Compadre – dice Andrés – así que esta amarrado a una chancletita he
- Jaja, amigo la vida es cortisima y por lo tanto hay que saber aprovechar cada instancia
- ¿Y dónde la conoció gancho? – dice Eric sirviéndole una copita de vino tinto
- En Puchuncaví
- Mich se las trae el primo capitalino – dice Andrés codeándolo
- Más vale que la trate bien sobrino – dice Marcelo mirando con el rabillo del ojo como dándole a entender otra cosa
- No se preocupe tío, mire que la voy a tratar muy bien

Isabel tomando unos mates con naranjita pensaba acerca de lo que sentía sobre lientur cuando de pronto éste hace su entrada en el corredor: un tibio aire venia desde la cordillera de los andes y bajaba hasta la costa

- Isa me puedo sentar
- Por supuesto toma asiento ¿quieres un poco de mate caliente con naranja?
- Ya uno me vendría bien
- Cuéntame ¿de que quieres hablarme?
- Bueno mi Isabel te extraño, todos estos meses han sido interminables para mí por tu ausencia. No falta día que no te recuerde, sé que debes estar asombrada por esto, sin embargo yo más aún por lo que estoy sintiendo y déjame decirte que ahora siento el haberte dejado así como así sin ninguna explicación
- Por qué, si me extrañabas tanto como dices, no he recibido ni una carta tuya
- Bueno lo que sucedió fue que no quise llamar la atención ni menos levantar sospechas pero siempre pensé en ti
- Sabes Lientur, desde que te fuiste fuera por algunos meses me han pasado un montón de cosas buenas y malas, me costo mucho olvidarme de ti y créeme que en lo más profundo he tratado de olvidar, sin embargo aún siento fuertes cosas por ti que por ninguno he logrado transmitir, pero también tengo mi cabeza bien clara con respecto a lo que debo y no debo hacer acerca de ti. Ahora mismo por ejemplo: me afecto esa relación tuya con esa niña o mujer, pero no puedo hacer nada más puesto que siento que te perdí para siempre bajo ese nogal que por años ha guardado un secreto a voces, pero siempre, siempre va a ver como tú bien dijiste alguna vez: “La vida sigue con su curso natural y aunque el tiempo borre las huella de nuestras almas, será una unión más allá de un sentimiento lo nos permanecerá unidos hasta el fin de nuestro días”. Me dejó tan marcada esa oración que hasta el día de hoy la tengo viva en la memoria. Yo te amé tanto, tanto que me desvivía por ti, pero llega un minuto en toda persona que le toca decir su futro y a mí me tocó decidir entre: seguir amándote o olvidarte, según yo, para siempre y con el dolor de mi corazón he optado por la segunda opción que he considerado la más sana. Además estas pololeando
- Pero Isa
- Por favor entiéndeme, no quiero sufrir más por tu causa. Por favor vete.

Sin saber ninguno de los dos Eric los estaba observando cuando Lientur se levanta de su asiento.




Alengüei

Noche misteriosa

Esa noche no sé porqué me dieron ganas de salir a caminar, todo oscuro sólo una que otra casa alumbraba la vereda, tenia ganas de ir a su casa, por eso quiazas salí. Abrí la reja, baje los peldaños y después de cerrarla mee dirigí con rumbo a su casa, en frente de mí por la otra vereda, dos hombres venían corriendo con antorchas con las cuales y sin consideración empezaron a quemar las casas una por una, me devolví corriendo llegue a la casa avise a mi madre, ella prendió las luces y yo salí con mi hermana con la escopeta.

Al otro día los fui a ver a ver al hospital, no se lo que lo que les paso, sólo sabia que estaban fuera de peligro, la enfermera me dijo que estaban el a la misma habitación que yo estuve cuando sufrí el accidente, mi mamá con mi hermana fueron conmigo, me esperaron en la sala. El hospital tenia ese particular olor que me revolvía el estomago era por eso que llevaba conmigo un frasquito de esencia, mí madre al principio no queso, ella sabia que sentía algo por él, y no quería que fuera sola, in embargo mi hermana la detuvo con un gesto y haciendo otro me dijo que me fuera, fue entonces que entre sola en la habitación, lo vi en la cama y en la otra a su hermano, ambos recuperándose, se me salía el corazón por la boca cuando lo vi con una túnica y los brazos con pequeñas, pero profundas heridas, me acerque muy despacito cuando se despertó y me sonrió, su hermano aun dormía. – Ven – me dijo despacio y con la voz muy débil, me estregó un papel arrugado que saco de bajo de su almohada y fue ahí cuando lo abrase, mi madre entro con cara despavorida, me sostuvo del brazo y me saco a empujones de la habitación, lo único que pude leer de la nota fue “Mi querida…” por que mi madre me lo arrebato y no supe nada más del papel. En ese instante me desconsolé llorando y fue mi hermana la que me consoló ya que mi madre se fue refunfuñando metros más adelante.

Hace pocos días que los dieron de alta y fueron a la casa, era la hora del almuerzo y faltaban bebidas por que habían llegado muchos parientes y amigos para ayudarnos en la minga , me acerque sin que mi madre lo notase a hablar con él para acompañarlo a comprar ya que a él lo habían mandado, y al ver mi carita que ya me salía una lágrima, me guiño el ojo, me tomo de la mano fu conmigo a donde mi hermana y los tres fuimos a comprar no me soltaba la mano, de repente me dice – No pudiste leer la nota cierto – si – le digo yo – no pude – su mano no me soltaba, mi hermana se fue adelante por que había divisado a una amiga, creo que tenia planes por que me hizo una seña con la mano y se fue , yo por mi parte no me quería devolver, me abraso y yo también.



Alengüei

Un sueño

Kaprey – así le gustaba que la llamaran- en su infancia era una niñita rebelde, llorona, peleadora que quería siempre ganar, sin embargo conmigo fue la mejor hermana que pude tener, la pasábamos súper bien con las ocurrencias que se nos salía de improviso y siempre mis padres nos retaban por lo mismo, cuando era una adolescente esa misma rebeldía maduro con ella convirtiéndose en una luchadora por la sed insaciable de justicia e igualdad para todo aquél que la merecía. Así iba por la vida, siempre luchando por los derechos de autor y de personas, hasta que su vida se vio truncada por un accidente que le costo la vida en una marcha aparentemente inofensiva por la plaza de armas de Santiago; cuando un carabinero tiro de gatillo y las balas fueron a dar al cuerpo de mi muchachita de en ese entonces tan sólo 20 años.

La historia comienza una noche en que yo dormía profundamente un sueño en el que se me apareció mi hermana, después de un mes de fallecida, era todo calido, de un color agradable a la vista, recuerdo un camino de tierra pedregoso, muy pedregoso sin embargo agradable, con árboles inmensamente grandes y verdes, era nuestro secreto, ese rincón de paz cerca del puente era nuestro secreto escondite. Aquí en este lugar, en donde siempre engañábamos a nuestros primos diciéndoles que en cuatro o seis casas más allá de la nuestra vivía un compañero mío de colegio para que no nos siguieran desde la casa, se me presento mi querida hermana diciéndome que nunca más iba yo a estar sola puesto que en mi vientre ella nacía de nuevo para cuidarme y protegerme de cualquier cusa que me pase. En un primer momento no creí que esto pasara puesto que ¿Quién seria el padre?, pero ella me dio a entender que padre ya tenia, era yo la que no me acordaba de haberlo conocido. Orta pregunta asalto mi mente: ¿era real lo soñado o sólo era producto de mi imaginación que quería volver a ver a mi hermana? , en ese momento me dio una puntada muy fuerte en el estomago, como si alguien me hubiese pateado en el momento en que ella me decía: esa fui yo.

Que sueño más extraño, yo tener a mi hermana en mi vientre, pasaría a ser la mamá de mi hermana, pero cómo, si ni siquiera tengo….. ¿Qué edad tengo? – revise mi carné y me di cuenta que tengo 27 años. Me duele el estomago no puedo soportar el dolor, me patea cada vez más fuerte, tengo hambre también.

Despierto en una cama que no es la mía, ¿Dónde estoy?, ¿qué hago acá? Por la puerta veo pasar a un amigo muy íntimo de mi infancia que trae en sus manos mi tazón que yo tenia, recuerdo, en la cocina de mi casa.

-Mi amor – ¿me dice amor? ¿Y este que se cree que es?, ¿mi marido? – aquí te traigo tu leche para que alimentes a nuestro hijo y salga robusto y firme como su padre - ¿hijo?, ¿su padre?, ¿qué esta pasando aquí?. Alguien explíqueme por favor.

- Hija, va a ser niñita, se va llamar Valentina y va a ser tan valiente cómo su tía - ¿Valentina?, ¿eso dije?, ósea que es cierto que mi Valentina se me presento en el sueño y ahora esta aquí ¡ay! pateándome como loca por la leche

- Valentina, que nombre tan bonito, recuerdo mucho a tu hermana, era muy buena contigo y te defendía de todo y de todos

Me tomé la leche, sin embargo no quede satisfecha, sentía que por más que bebía tenia el estomago vació, así que siempre tenia que pedirle a Samuel dos vasos cada mañana; uno para mi y otro para Valentina. Así pase mis nueve meses de embarazo con un antojo muy peculiar a mi parecer: locos, de eso me antoje al igual que mi madre cuanto se antojó de lo mismo para mi hermana cada mes en una misma fecha me visitaba mi hermana en sueños para saber cómo me sentía y me pedía perdón por patearme todas las mañanas. Samuel siempre espero a Samuelito júnior, como primigenio, pero lamentablemente en una visita a la doctora supe mi confirmación asiendo que Samuel se sintiera feliz pero levemente decepcionado por que no llego su Samuelito.

La doctora me cito a pabellón en dos semanas más para el nacimiento de Valentina. Nuestra madre estaba con nosotras en el momento de la noticia y nos abrazo dándome las gracias por traerle una nieta al mundo.

Llegamos a la casa y para variar yo con hambre. Comimos y quede satisfecha en seguida, parece que Valentina sólo se alimenta de leche. Esa noche nuestra madre nos visito al cuarto y mientras nos abrasaba yo le dije al oído que no tuviera miedo, y que se va a llamar Valentina, ella sonrió y se puso a llorar.

Dos semanas más tarde me sentía muy mal una noche, me daba vueltas en banda en la cama y mi Valentina no se me presentó en esta oportunidad, creo que estaba nerviosa por un suceso que yo todavía no sabía que venia. En la madrugada le dije a Samuel que no podía más que por favor hiciera algo para calmarme, el ombligo le sentía muy tirante apunto de colapsar, Samuel llamo a don Liponcio para que nos llevara al hospital.

Entre a pabellón junto con mi madre, Samuel y mi papá no pudieron soportar estar adentro, por razones obvias, si fuera ellos tampoco entraría. No quiero describir en detalle el proceso en que nació nuevamente mi herma, sólo decir que al tenerla en mis brazos, sentí una sensación extraña, sentí tomar nuevamente a mi hermana y al mismo tiempo a mi hija por primera vez. Una vez en la habitación de maternidad Samuel entro junto a mi padre con rosas rojas que pusieron en un florero con agua.

A medida que Valentina iba creciendo se comportaba igual a como era como mi hermana, pero con la diferencia que me decía mamá en vez de teté. Raro acostumbrarme, Algunas veces cuando era preciso Valentina se me aparecía en sueños diciéndome: “teté no te preocupes, para mi también es extraño”, yo despertaba y la veia en su cunita que estaba sonriendo con el Chanchini abrazándolo firmemente. Mire asía un estante y ahí con sus coseduras y remendones vi mirándome con esos ojitos negros a Samuel, mi hijito de infancia, lo tome en mis manos, lo abrase y lo metí en medio de Samuel y yo. Aquí esta tu primogénito Samuel, tu hijo Samuelito - le dije - , me miro y sonrió.

Con el paso del tiempo, Valentina iba creciendo yendo al colegio, reaprendió a leer y a escribir, volvió a ser la misma de antes y un día cuando fuimos a ver a la mamá, Valentina le dijo que ella tenia más voz de mamá que yo, y solo tenia voz de hermana, yo me reí con mi risa característica, y Valentina pregunto: ¿dónde habré escuchado esa risa antes? Sé que la he escuchado…




Alengüei

La Pincoya (mi versión)

En la isla iban a pescar en una tarde de neblina, estaba tranquila la mar, los peces eran abundantes, uno de los hombres arroja la red a la mar y cuando se recoge los pescadores se alegran por que se siente pesada, cual no fuera sorpresa de todos que junto con coger peses también cogieron a la Pincoya que bajo el mar posee una cola y mientras emerge a la superficie su cola es sustituida por piernas.

Los hombres de mar, con varios años de experiencia sobre las aguas que envolvían la isla, no lo podían creer. ¿Qué ser era ese?, en ese omento la Pincoya se pone de pie y se dispone a hablar, los hombre la escuchan con asombro, mientras que a lo lejos se oye el ruido de las olas.

Se hizo de noche, ya el ocaso desapareció, no hay luna en Chiloé, la Pincoya les dijo, sin mover los labios, que no pueden contar que la encontraron de lo contrario sufrirán desastres. La Pincoya abandono el bote y desaprecio entre la lluvia y la mar.

Pasaron los años, los hombres de aquella noche se volvieron viejos y se retiraron de su oficio, tuvieron hijos t estos los suyos y una noche…

Era tarde y llovía, en la casa se hacían sopaipillas, la cocina a leña ardía, era especial para contar historias, se escuchaban los truenos, la casa relucía con cada relámpago. Ya oscurecía, los niños después de jugar tomaron onces, el abuelo José se mecía en la silla y miraba el fuego de la cocinilla mientras recordaba lo que había pasado hace ya bastantes años.

Después de tomados de onces y sin acordar lo acordado el abuelo decidió narrar lo ocurrido esa noche de invierno, llamo a todos los que estaban y les contó.

A la semana después la profecía se cumplió, cayeron enfermos los hijos y nietos de aquellos que esa noche embarcaron incluyendo al que contó la historia. Cada vez que se embarcaban ellos o sus descendientes no volvían, el Caleuche se los llevaba, hasta que José un día fue al orilla de la playa pidiendo que no siguieran ocurriendo más catástrofes, en ese minuto las aguas se revuelve y emerge de las aguas el mismo ser que encontraron aquella noche.

Ella le dijo si se acordaba de lo que habían acordado, él dijo que después de ver lo que ocurría a sus amigos, su gente y a él se acordó, también pregunto que podía hacer él para parar esta situación, ella le dijo que existe una manera…
El viejito volvió a la casa, hizo todo como de costumbre y se fue a acostar, cerro los ojos y vio la mar, la neblina y el bote, él a la orilla de la playa y en el bote vio a la ninfa acercándose, él se sube y se fueron mar a dentro y ahí los esperaba el Caleuche con todos los que habían desaparecido.

Llovía cada vez más fuerte, el viejito yace muerto en el lecho, velas alumbran el sombrío cuarto y un rayo alumbra por la ventana, un hijo llora la partida de su padre, esa noche nadie durmió, los funerales duraron tres días y tres noches, con mucho frió fue enterrado en el cementerio del pueblo, nadie más hablo del tema y la racha de muertes termino.





Alengüei

Sentí que te perdia

Una noche creí morir a orillas del barranco más profundo y ancho que existe en el mundo. Creí que te perdí para siempre cuando estabas y decidiste no hablar. Me siento profundamente arrepentida por que jamás llegué a imaginar que un día podría perder algo tan valioso como lo eres tú.

Puede ser una frase repetitiva, cliché y todo lo que quieran pero aún así es una de las verdades más ciertas cuando se dice que nunca se valora algo a alguien cuando está a tu lado pero pucha que duele cundo la vida te lo arrebata o tu lo arrebatas de tu vida. Ahora yo siento que te perdí, que ya no vas a estar ahí cuando te necesite aunque fuera para decir un simple “hola que tal cómo estas, ahora tengo un poco más de tempo cuéntame de ti y de tu familia”. Esas son cosas que siento mucho ahora que perdí. Soy única e innegablemente responsable de herir a quien más estimo a parte de mi familia, tú eres y vas a ser siempre una persona muy especial más allá que como un simple amigo.

Sé que no tengo excusas frente a lo que hice y créeme que lo he intentado todo para poder comunicarme contigo para que me perdones por lo que más quieras en este mundo. Me confundí, creía que no eras tú con quien yo hablaba, por eso te herí. Tienes razón el MSN no ayuda mucho, tú tenias problemas y yo la bruta e inconciente te tire mala onda, pero créeme cuando escribo que te confundí con otra persona, que te habían hackeado el correo, por eso actúe de esa forma, te pido disculpas y are lo posible con tal de dar con tu numero de tu casa y celular para hablar contigo personalmente por sé que con sólo escribirlo no basta.


Tú vives en mi inconciente

Eres dueño de mi pasado y mi presente

Tu morada es mi falta de segundad de amar

Y tu comida mi ansiedad por conocer el amor

---

Pisas cada uno de mis pasos

Bebes el vino junto a mi en el mismo vaso

Y estas en mi “ello” escondido en lo más profundo

--

Será que mis complejos aún no rasgan su costura

Será que pido mucho o me conformo con poco

Que sigo cuerda o estoy sigo completamente loca

O será que te amo pero no lo quiero admitir

Será que por miedo a que me digas que no

Y se me desangre el alma por haberte mirado tantos años

--

Y el que pagó los platos rotos siempre fue él

El de a deveras

El que me cuidó

El que se cansó de esperar

El que un día fue el enemigo del fantasma tuyo en mi cabeza

El que ya se fue


No es una llamada de atención cuando te digo que me dolió saber que pensabas que yo no valoro lo que has hecho por mi. No es un reto, pero si me dolió y en serio escribo que me salieron lagrimas después de un rato en la pieza pero eso no es muy relevante. Lo importante es que me perdones y saber que estas ahí para ser mi amigo. Me autocrítico al decir que no he sabido apoyarte ni comprenderte y me comprometo a realizar un cambio rotundo. Te apoyare y podrás confiar en mi para lo que sea.

Me muero si te pierdo, por favor no me mates.




Alengüei

No me pidas que eligas

Estando en una sala de hospital encontre a una mujer de setenta y cinco años que tejía un chaleco, desvié la vista hacia el otro extremoy me encontre con los ojos gandes y vivos de un niño de siete años que mantenia su mirada sorprendida e inmovil en una de mis manos, segui la ruta de sus ojos y entonces me di cuenta y le sonrri. Le pedí que se asercara y la tocara sin miedo, el niño obedecio y ésta le devolvio un dulce.

Era mi turni de ser atendida y al entrar vi sus calidos ojos, esos ojos que me vieron de niña jugas a las blitas y a los autitos a control remoto. Me hizo paar y me reviso como iba con la protesis, me pidio los datos acostumbrados yme dio hora para quince días más, al terminar alzo la vista y me dijo

- ¿Y aun sigues con los autitos coleccionables? - su voz era calida y con cierto dejo de nostalgia que sólo yo le podia detectar.
- Si - asenti - los tengo en una estanteria en el comedor - se rio sutilmente como recordando cuando me veía de pequeña
- Tú siempre me quedabas mirando como jugaba con ellos - le dije con una espreción falsa de estrañeza
- Si, siempre me gustaba verte jugar y verte siempre con pantalon. Recuerdo cuendo un día tu madre te quiso poner un vestido rosado con blondas en el cuello, mangas y donde termina el vestido, pero te lo sacaste encondida y apareciste con una polera y un pantalón corto.

Todo iba bien hasta que me preguno por mi vida actual, entonces lo mire y le dije que me había casado con un compañero de la universidad llamado Luis, pero nunca te he olvidado. Al decir todo me fuí de la consulta ya que viejecita qu estaba tejiendo ahora venia por una protesis en su pierna

Llegue a la casa y ahí estaba Samuel mirandome desde arriba de una mesita junto a la ventana, le salude como i fuese uno de nosotros y prepare almuerzo. Abrí el bolso en el sillón para sacar los examenes y de éstos cayó un papel de recetas pero en lugar de escribir el nombre de algun remedio particar, decía con una letra poco clara: "yo tampoco me he olvidado de tí" Sentí cmo un hielo vajaba por mi espalda en el momento que Lucho entró cerando la pueta tras de sí, automatiamte arruge el papel y lo boe a la basura.

Recibí a Luis mirando a Samuel como complice de un secretto mudo. Volví en un mes más a la consulta demi doctor y volví a mirar sus ojos, me reviso como andaba la protesis y luego como si fuera lomás natural del mundo, me invito a salir. Lo mira asombrada, luego me sentre frente a su mesa, junte mi mano con la protesis en señal de oración y cerrando los ojos le dije con unvos muy solemne: "No me pida que elija, se lo suplico por que entonces trendría que eljir con el corazón y no con lacabeza". Abrí mis ojos y lo encontre sonrriendo, se levanto y miro por la ventana un par de segundos, posteriormente se volteo, tomo mi brazo, sus manos erasn tivias y me dijo: "Tu brazo necesita de la protesis, sino no funciona cada quince días tendras control po tres meses"

- Como usted diga doctor - le dije mirando su rostro suave




Alengüei

Cancion de cuna

Estaba tendida sobre la cama con los ojos cerrados y su mente convertida en tabla raza que divagaba imagenes al ritmo de una debíl nota de guitarreo. El sonido actuaba como un sedante imnotizador que la transportaba hacia su infancia.

Caminaba con chaqueta sobre el hombro bajo un cielo azul marino, sus pasos lo llevaban por la ciudad bohemia sin quitar de su mente la imagen de una pequeñita de tres años arrullada en sus brazos que rie al oirle cantar.

Hoy la pequeñita es una joven. Abre los ojos y nostalgica abanza a la mesa junto a la ventana, abre las ventanas dejando entrar un agradable vientecillo veraniego proveniente de la costa. Se sienta el la sille del escritorio y de esta forma queda krando por algunos minutos como se mece el visillo.

Él entaba en un bar en dondense tocaba musica en vivo canciones de años viejos...


Calla
tu que conoces mi trajedia
amigo viejo del ayer
no vuelvas hoy a rrecordarla
...


Pidio un tago y se sentó en una de las mesas a contemplar melancolico el espectaculo que le traía a su niñita nuevamente a su regazo.

La joven se incorpora y va hacia la orilla del mar. Por la tierra mojada y a pies desnudos deja sus huellas plasmadas. La noche la invita a meterce en el agua, la luna menguante se reflejaba en el momento en que ella e sumergio por completo para luego sacar solamete su cabeza, dejando así empapdo su jumper verde.

El bar estaba por cerrar sus puertas pero al parecer este hombre no lo notó. Uno de los artistas anuncia su retirada hasta la noche siguiente, entonces se dio cuenta que ya eran las dos de la madrugada, pagó la deuda del tego y devolviendoce por sobre su pasos se dirigio por un sendero de verde y tupidos álamos con su chaqueta sobre el hombro. Siempre pensando, recordando alegre y triste a la vez aquéllas curiosas canciones de cuna que le canturreaba con un timbre de vos exagerada que sin creerlo la hacía dormir.

Esa noche la jovencilla encontró un viejo casette blanco que puso en la radio, mientras fue a la cocina a hacerse un cafecito, luego se fue a la cama y se quedo dormida escuchando el tema.


Con una lágrima en la garganta te ví partir
mis iluciones se destruyerón, pensé morir
con una lágrima en la gargante lloré tu amor
y sin saber como pude hacerlo te dije adioz
...


Alengüei

La despedida

Me puedo sentar señorita Josefina - ella lo mira sonriendo
- Por supuesto mi estimado sientese ¿cómo le va?
- Bien gracias, bueno yo venía por que mañana me voy, me transfieren a la Ligua y creo que no volveré. El jefe, don Cristóbal, me reasigno allá y bueno no e quería ir sin antes hablar con usted
- Don Gabriel gracias por la preferencia de ubicarme y despedirse de mi pero la verdad no tuvo para que molestarse
- Nada de eso señorita Josefina. Usted ha sido - posa si mano por encima de la de ella - una persona excepcional y sin usted esto no sería lo mismo y peor aún. No tendría sentido
- Pero don Gabriel no diga esas cosas
- Es que es cierto señorita Josefina es verdad... Todo lo que hace don Cristóbal es gracias a usted. - Se tenia de tomar el café y la vuelve a mirar - La carpeta con las planillas para el ... - ella lo interrumpió
- Jueves. Estan listan don Gabriel, es cuestión de llegar y fotocopiar para las alumnas señor
- Perfecto, ¿vez Josefina que todo funciona gracias a usted?. definitivamente la voy a extrañar mucho - dice esto besándola en las manos y se incorpora para irse
- Cuidese Gabriel
- Cuidese usted y gracias por todo señorita Josefina

Eran las ocho de la mañana y por primera vez Minerva encontró las puertas de la Biblioteca cerradas.

- Buenos días señorita Josefina
- ¿cómo te va Minerva? Buenos días
- Bien ¿Señorita usted me puede decir porqué la Biblioteca se encuentra cerrada? ¿Le pasó algo a don Gabriel?
- Don Gabriel se fue del internado Minerva, lo transfirieron a la Ligua
- ¡¿La Ligua?! Pero porqué tan lejos
- Fueron ordenes del director, don Cristóbal - dice ordenando unos papeles para luego corchetearlos
- Disculpe señorita Josefina hasta pronto
- Hasta pronto y que te vaya bien en la jornada
- A usted también y gracias

Se retiro al casino para tomar desayuno y ahí lo encontró como siempre con esa gabardina y su acostumbrado café. "Gabriel" murmuro para sus adentros mientras caminaba en busca del desayuno

- Aquí tienes, que lo disfrutes
- Gracias Rosita - se devuelve y avanza
- Me puedo sentar -Gabriel la mira, levanta la mirada y se pone de pie
- Toma asiento Minerva
- Gracias don Gabriel ¡así que se va!
- Si pues la verdad, no quiero pero si, me transfirieron
- Don Cristóbal a la Ligua
- Así es y ¿eso cómo tú lo sabes?
- Por que vengo de hablar con la señorita Josefina
- Ah Josefina, ayer hable con ella para despedirme y fue aquí mismo
- Y ahora se despide de mi aquí también
- ¡Minerva! - dice mirando con la cabeza inclinada hacia la derecha y con esa sonrisa que Díos no más sabe que ella se derrite al verla
- No me quiero ir, en serio
- Entonces no te vayas - suplico en el acto - por favor- susurro
- Minerva - Gabril le ruega con cierta sutileza y poniéndose de pie la levanta de la silla

Luego se desprende de la prenda que lo caracteriza desde lejos y se la coloca en los hombros a la joven.

- Algún día, ya sea aquí o en otro sitio , buscare esta gabardina

Minerva lo mira colocando sus manos en los brazos de Gabriel acariciándolos dulcemente mientras que él los retira hasta juntar sus manos con la de ella. La sostiene con suave firmeza y las acaricia con los pulgares.

- ¿Serás capaz de cuidarmela hasta que yo venga por ella?
- Si don Gabriel
- Bien, ¡ah! y cúidate esa mano - dice besando ésta llevándola a la boca - Tú bien sabes que no puedes andar sin esta muñequera . Nos veremos algún día y si sales antes anda a la Ligua, allá me encontrarás

Se va dejando a Minerva inmóvil derramando una lágrima que cae por su mentón. Gabriel desde la mampara del casino la vuelve a llamar

- ¡Minerva! - la joven se da vuelta

La sonrisa deslumbrante de dejó notar nuevamente junto a la inclinación de cabeza. Su pelo rebelde posado en los ojos pardos, llegaba hasta el cuello que se mimetizaba con la camisa negra con el primer botón de ésta desabrochado. Con lágrimas en los ojos observaba cada detalle por más pequeño que fuese para asó conservarlo en la memoria. Gabriel levanto la mano que tenia cruzada en su pecho y sus labios finos apenas se movieron.

- La vendré a buscar

Ella se cruzo los brazos al cuello para tomar las solapas de la gabardina

- Lo estaré esperando Gabriel - Y éste se volteo y se marcho hasta desaparecer a la vista de la niña.





Alengüei

Tarde de invierno

El pueblo despertó muy frío esta mañana, una llovizna le mojo la cara a Minerva y le humedeció el pelo recogido por debajo de la chaleca. El único horizonte que se contemplaba fuera de las paredes del internado era una densa neblina que impedía ver el cielo. Como todas las mañanas el Casino era centro de concentracion de todas las muchachas, cuatro filas de mesas y banquillos que ocupaban gran parte eran interceptadas por dos hileras de mesas perpendiculares que eran ocupadas por los profesores y el cuerpo directivo.

Así pasaron todas las clases de la mañana muy rápidamente, a la una ya entraban nuevamente para almorzar para luego a las dos volver a clases hasta veinte para las cuatro de la tarde. Minerva almorzando piensa en Gabriel que ya no lo veía como hace dos días. Y luego de terminadas sus clases legó a las cuatro en punto a la cafetería del internado y sentada junto a una mesa para dos, con un café en la mano espero a que por la puerta apareciera Gabriel. Y así fue, a los pocos minutos apareció tras un grupo de gente. No era necesario para Minerva ubicar la gabardina ya que para ella Gabriel se identificaba a los lejos. Como esa vez en que una noche de fiesta en el interior del internado estaban ella con un grupo de amigas y paso en la oscuridad una sombra que nadie pareció notar y que sin embargo ella identifico de inmediato asiéndola salir de su circulo de amistades e ir tras la sombra. Llegó al mesón y pidió su acostumbrado café negro el joven e lo entregó a cambios de dos monedas a lo que Gabriel dio las gracias y se volteo a conseguir un puesto disponible, y al ver a la jovencita de Minerva se le acerco sentandose frente a ella en la mesa.

- Don Gabriel ¿cómo le va? Que gusto
- Muy bien gracias Minerva ¿cómo fue tu jornada esta mañana?
- La encontré rapidisima, con decirle que recién acabo de tomar un respiro
- Si, yo también la encontré rápida ya que he tenido mucho trabajo en la Biblioteca. No he almorzado.
-Pobre don Gabrielito, oiga y ¿aún sigue con sus problemas existencales?
- Si, estoy en un proceso de transicion
- ¿Y lo puedo ayudar?
- No sé

Mientras habla del esxistencialismo de Hegel Minerva lo contempla como se movía, sus gestos. De pronto se desprendió del abrigo dejándolo colgado en el respaldo de la silla, quedando así en camisa manga larga y un sueter sin mangas negros. La tarde fría transcurría lenta, ideal para que Minerva charlara con él.

- Y es por eso que el instinto no se encuentra entre los seres humanos
- Pero ¿que pasa con las tendencias a diversas cosas y que si accede a ellos la persona presenta adrenalina tal y como sucede con la exitacion?

A Minerva se le iluminaban sus ojitos por que en ese momento tenia a su alcance sus dos mayores pasiones: filosofía pura y Gabriel que se consideraba a si mismo un errante y eso provocaba interés en la muchachita

- O también - continuaba la chica - ¿Cómo se explica la necesidad del hambre, sed?
- A ver vamos parte. Primero: La tendencia a diversas cosas, tal como la exitacion se llama "pulso" también llamado "libido" . Y bueno, las necesidades tales como la sed y el hambre son "impulsos" , ¿comprendes?
- Algo. última pregunta
- Dime
- ¿Entonces qué es el instinto?
- Bueno el "instinto" es propio de los animales. Minerva, debo irme ya son las seis ¡como vuela el tiempo!
- Cierto, pero no se vaya todavía ¿a dónde piensa ir? Lo acompaño
- ¡Ay Minerva...! Esta bien vamos, esta empezando a oscurecer y corre viento ponte mi abrigo, ten usalo
- Pero y usted no....
- No te preocupes se es en el otro edificio donde, en donde están las habitaciones. Acompañame hasta ahí... además no es muy lejos si nos vamos corriendo
-Bueno vamos entonces

Y así lo hicieron, se fueron corriendo por debajo de la leve llovizna hasta llegar al pasillo de las habitaciones. Minerva se desaprendió del abrigo dándoselo a Gabriel éste de se lo coloco y siguió a camino rápido hasta el final del pasillo, La muchachita entró a su habitación corrió hasta la cama y ahí se desplomo abrazada de la almohada.




Alengüei

El accidente

Cuando comenzó a aclarar el día Minerva estaba con los ojitos bien abiertos desde las tres de la mañana producto una pesadilla que no la dejó dormir más.

En el comedor estaban todas las chicas terminando de desayunar cuando la muchachita apareció con unas ojeras y una carita de sueño y molestia. Se sentó en el lugar de siempre junto a sus compañeras de habitación que la miraban penosamente porque ella apenas si probó bocado. Luego a las ocho de la mañana tenía su primera clase de Biología y la pobre no daba más de sueño así que la profesora del ramo al descubrirla dormitando en su clase la mandó a trabajar a la Biblioteca un ejercicio que era en grupo.

Arrastrando los pies, salió de la sala y fue a Biblioteca un piso más arriba, al piso tercero. Tropezando torpemente con con los peldaños de las escaleras llegando por fin a la puerta, pero esta vez no tocó, sino que entró y sin decir nada se sentó en la silla más próxima y se tumbó a dormir. Gabriel que al sentir la puerta, se acercaba mirándola, titubeando en si la despertaba o no, hasta que por fin decidió hacerlo. La chica no respondió con los primeros remesones leves "¡Minerva!" llamaba en susurros hasta que de pronto se incorporó.

- ¡Minerva!
- ¡Mmh!
- ¿Porqué estas aquí tan temprano?
- La profesora me hizo venir por haberme quedado dormida
- ¿Y porqué te has quedado dormida ?
- No pude pegar pestaña desde la tres de la mañana
- ¡Pero Mine...! - exclamo sin alcanzar a terminar
- ¡Por favor don Gabriel déjeme dormir!
- Pero... no sé.. ¿Y si nos pillan que te deje dormir. Nos retarán a los dos

La muchacha iba a hablar pero se lo impidió una mujercita grande y robusta que acababa de entrar.

- Don Gabriel ¿cómo le va ? No se preocupe yo vengo de parte de la profesora Barbara para hacer cumplir a esta señorita con el trabajo.
- Bueno en ese caso me retiro con su permiso, me retiro.

Minerva miraba con cierta pena los ojos de Gabriel y sin decir éste nada más se retira a la recepción entrando a una pequeña oficinita situada a la izquierda de la Biblioteca. Y con la puerta abierta trabajaba en su computador. Mientras que la niña recopilaba toda documentación necesaria para efectuar dicho trabajo, la mujer de aspecto poco agradable, sentada bebiendo café veía como la oven iba y venía trayendo más y más libros. En una de esas vueltas Minerva tropezó con una silla mal puesta llevando un alto de libros en los brazos. Al escuchar el estruendo tanto Gabriel como la mujer se levantaron y fueron en su ayuda.

- ¡Pero niña ten cuidado! Fíjate por donde caminas. ¡Si parece que estas en las nubes

Dice la mujer más preocupada de la silla en vez de de la adolorida canilla de la muchachita

- ¡Minerva! - acudió Gabriel - ¿Te encuentras bien?

Desde el suelo Minerva trató de incorporarse ayudada del respaldo de la silla y como pudo si puse de pie. Cojeando se sento´en la misma y se reviso la pierna corroborando que efectivamente una rasmilladura en la canilla que al tocar se le escapo un gemido de dolor. El más preocupado al parecer era Gabriel quien quería llevarla a enfermería, pero la niña se opuso ya que no era tan grave la herida. Así que la mujercita mientras resongaba por lo bajo llevó los libros que cayeron, a una mesa y se sentó con una mirada seria y enojada. Gabriel aún con Minerva se quedaron charlando en la escena del accidente.

- ¿De verdad no quieres ir a la enfermería?
- No se preocupe don Gabriel, si fue para tanto
- Esta bien, pero cualquier cosa me dices. Cuentas conmigo
- Gracias don Gabriel
- ¿Tu mano cómo se encuentra, le ocurrió algo con el porrazo?
- No lo creo - dice revisándose si aún seguía puesta
- Todo en orden- prosigue- no le pasó nada
- Menos mal. Bueno te dejo terminar, mira que a tu acompañante no le caigo muy bien que digamos

El trabajo fue entregado al día siguiente a doña Barbara, profesora de Biología

- De acuerdo Minerva lo revisaré pero por el atraso te lo evaluare con nota máxima 5,7

Aquél día el cielo era azul y con nueva que tapaban el sol. Hacía calor y corría un aire agradable, la jornada se llevó con total normalidad: las clases, los recreos, el almuerzo. Y ya a las cinco las muchachas del internado eran libres de los deberes de la jornada matutina. A partir de las cinco y media de la tarde que impartían todo tipos de talleres que iban desde tejido y costura hasta teatro, música y literatura, pasando por cocina, danza, gimnasia rítmica- aeróbica, natación, futbol, basquetbol, tenis, etc... Minerva para Los Deportes no poseía gran talento, la Cocina le gustaba , sin embargo no era muy ordenada, eso si muy limpia. Para Música su mano le impedía tocar algunos instrumentos, pero aún así tocaba la armonica y cantaba de vez en cuando. La literatura le gustaba pero prefería leer antes de ponerse a escribir ya que pensaba no tener el poder de convenser y por eso profería ser el personaje antes de ponerse a describirlo. Por eso eligió Teatro ya que tenía grandes dotes para eso de personificar, dramatizar y desenvolverse en mundos ajenos y opuestos al que ella acostumbraba.

Los talleres duraba una hora con quince minutos de intervalo entre uno y otro de esta forma Minerva aprovecho los quince minutos entre Música y Teatro para hablas a la secretaría con la señorita Josefina quien ya le tenía un favor a la joven. Cuando eran la siete de la tarde la muchacha quedó libre de toda actividad y dirigiéndose al pasillo de las habitaciones bostezaba de sueño, caminaba hasta la quinta puerta cafe y se tumbo en su cama en donde la esperaba como todas las noches su muñeca de trapo. Minerva la abrazo con e pijama ya puesto tapandose hasta el cuello entre frazadas y una manta de castilla negra se durmio profundamente.





Alengüei

Un viernes despues de nueve años

La mañana de ese Viernes estaba nublada, helada y con una leve llovizna. Eras las ocho de la mañana cuando Natalia tomaba la liebre para llegar al trabajo, el primer asiento esta vacío, luego de pagar el pasaje sentó ahí. Para no hacer largo y aburrido el viaje Natalia sacó su reproductor de música para escucharlo mientras leía a Og`Mandino. Abstraída del exterior y sumida sólo en lo suyo no notó que el auxiliar le pedía el boleto del pasaje y como no se dio por aludida y para no perder el tiempo decidió pedir los boletos de los otros pasajeros cercanos a la muchacha. Luego el auxiliar se volvió en si mismo donde ella y esta vez le tocó el hombro. Natalia cerró el libro sin perder la página, se desprendió de uno de los audifonos y levantó la vista.

- ¡¿Estaban; eres tú?!
- ¡Natalia! Pero que sorpresa, han pasado nueve años
- ¡Esteban! Tienes canas donde antes tenia castaño claro y tan joven todavía
- Si bueno... eh... Natalia persona pero necesito tu boleto ¿Me lo das?
- ¡Oh! Claro como no,disculpa.... - lo busca incesante
- ¿Dónde lo puse? - revisa la mochila hasta que por fin lo encuentra en un pequeño bolsillo
- ¡Ah! Aquí esta. Toma aquí tienes.
- Gracias - el corta donde debe y luego le devuelve la colilla - Natalia perdona pero tengo que seguir. Permiso
- Adelante por favor no te preocupes continua

Esteban la continuo con la hilera de la izquierda. Natalia miró al frente, suspiro y se echo para atrás con los ojos cerrados. "No puedo creerlo. Esteban esta aquí" Pensó mientras que el audifono comenzaba a escucharse esa canción con que conoció a aquél hombre. "No puedo perder esta oportunidad" Se decía a si misma y de esta forma abrió los ojos, se incorporó y saco de la mochila una pequeña libretita que en la portada tenía un globo. La abrió y escribió una nota: "Espero que no estés enojado y sin rencores" Anotó su numero celular y desprendió la hoja que doblo en dos, cerró y guardó la libreta, abrió el libro y guardó la notita ahí. Ya se estaba por bajar cuando se levanta del asiento, se colocó la mochila en el hombro, se afirmo de la barra metálica y antes de bajar sacó la nota con un movimiento rápido y se la entregó al auxiliar.

Una vez abajo la liebre recobró velocidad y se fue, Natalia guardo el libro se subió el cierre de la casaca hasta el cuello y se puso el gorro de la misma, cruzó la calle con manos en los bolsillos y con los audifonos escuchaba sa cancion que ahora se repetia una y otra vez gracias a una opción que ella puso. Dobló en una esquina y entró por una mamparas.

- Buenos días Cristóbal
- Señorita Natalia buenos días, le llevó de inmediato lo que me pidio ayer
- Gracias - entró por una puerta cafe junto al escritorio de su secretario

Dentro de la oficina estaba temperada, era bastante amplia, se componia de un escritrio de marmol con una silla de cuero giratoria a espaldas de un ventanal. Desde esta perspectiva se podía ver al frente la puerta de entrada ubicada a la derecha de la habitación, junto a ésta se hallaba al lado izquierdo un sillón verde hasta donde terminaba la pared haciendo un quiebre hacia el fondo donde se encontraba una habitación que e su interior había un lavamanos y un mesón con un hervidor, dos tazones, platillos, un tarro d café y azúcar. Saliendo de la habitación la pared se quiebra dos veces más para entrar al baño y al salir se vuelve a quebrar dos veces mas ahora mostrando una pequeña estantería con archivadores y a la derecha del ventanal un hermoso cuadro que mostraba una imagen campestre.

Su primer paciente llegó a la consulta mientras que Natalia tenía el agua hirviendo para un café.

- Adelante, pase Rosita, hola Marcelito.
- Hola tía
- Tomen asiento. Cuenteme Rosita ¿cómo se a portado Marcelito esta semana?
- Bueno Tía - dice la madre - Marcelo ha echo todo lo que usted le indico el Viernes pasado
- ¡Pero que bien! - Natalia le sonrie y del escritorio saca un dulce para esconderlo en una de las manos
- Marcelito - le dice la Tía - ¿donde esta el dulce - mostrándole las dos manos empuñadas

El niño como ya sabe ese juego coloca cara de pensativo con una mano en el mentón y con la cabeza un tanto inclinada a la izquierda.

- ¡En esa! - dice indicando la diestra
- ¡Muy bien! ¡Pero que niño más observador! - el niño se ríe con una mano puesta en la nariz
- Señora Rosita le pido por favor que vuelva en una hora a buscar a Marcelito
- Esta bien Tía. Portate bien Marcelo y hazle caso en todo a la Tía Natalia
- Si mamita
- Ya Tía. me retiro con su permiso
- Adelante Rosita, yo le abro

La madre se fue y Marcelo espera instrucciones

- Bien Marcelito, ven ientate aquí en este otro escritorio - dice mostrándole una mesa bajo en inmenso cuadro rustico

De la estantería sacó un libro de Matemáticas y unos lápices a mina más una goma y luego se acerco al pequeño Marcelito

- Sigue con los ejercicios en el cuaderno, anda copiando cada ejercicio y resuelve, pon mucha atención
- Ya Tía Natalia - dice él comenzando a sacar cuentas.

Marcelo tiene problemas de aprendizaje y por eso Rosa lo lleva cada Viernes a la Psicopedagoga. La función de Natalia es colanorar en la planificación, preparación, seguimiento y asesoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje de los niños con este problema.

Mientras que Natalia le revisaba los anteriores ejercicios y escribiendo algunas anotaciones en la ficha de Marcelo, de la mochila sonó su calular. Era un mensaje de texto: "Mi Natalia. Sin rencores. Me dio gusto verte. Esteban". Dejó su celular en el escritorio y siguio con lo suyo. Pronto llamo el citofono.

- Señorita Natalia
- ¿Si?
- La eñora Rosa viene a buscar a Marcelito
- Hazla pasar Cristobal
- Adelante, pase - dice éste sin soltar el boton del citofono
- Perniso - Rosa abre la puerta - hola Tía
- Pase señora Rosa, Marcelito se ha portado muy bien
- ¡Mamita llegaste!
- Si, así que guarda todo para que nos vayamos. Buno Tía gracias por todo y hasta el prxmino Virnes
- Cuidence
- Usted también

Natalia guardó el libro en el estante, miró por la ventana y se dio cuenta de que llovía. Despues de estar con un niño más tomó su mochila, su abrigo largo y abrochandocelo hasta el cuello con las solapas levantadas, sedirigio a la puerta y hablo con Cristobal.

- ¿Ya estás listo?
- Ya casi sta.
- Dime Natalia no más Cristobal
- Esta bien... Listo, terminé
- Vamos a comer algo, tengo mucha hambre
- Yo igual sta. - salen y cruzan al frente a una "picada"
- Buenas tardes Sarita
- ¡Sta Natalia! Me alegra verlos. ¿Qué les sirvo?
- Yo tengo frío - dice Natalia frotando sus manos - ¿Tiene una paila marina pero descochadita?
- ¡Claro! ¿y para el lolo que le sirvo?
- Lo mismo sta Sarita - dice él - Igual estoy empaldo de frío
- Listo entonces. Dos pailas desconchaditas, sientese y le mando a servir
- Gracias - dice la niña y ambos se van a sentar

Por la tarde Natalia recibio a cuatro niños más: el primero de dos a tres, el segundo de tres y media a cuatro y media, el tercero de cinco a seis y el cuarto de seis y media a siete y media termninando la jornada a las ocho en punto. Tomarón la liebre a la ocho y cuarto y Cristobal se bajó antes. Natalia en cambio seguia de viaje leyendo a Og Mandino y escuchando musica. Llegó a su casa a eso de las diez. Se dió una ducha para calentar el cuerpo y se fue a la cama

Cercano a las once y algo de la noche suena el teléfono calular a lo que Natalia prende la luz, toma el celular y lo contesta

- Alo - dice media adormilada
- Natalia, soy yo. Esteban - de inmediato se incorpora y se le espanta todo sueño y cansancio
- ¡Esteban! Pensé que habías tirado a la basura el papel que te entregué esta mañana
- ¡Por supuesto que no! ¿cómo se te ocurre? Si han pasado nueve años
- ¡Oh nueve años Esteban! Ha pasado demaciado
- Si y dime ¿Qué es de tu vida, tienes hijos, te casastes?
- No. Estoy soltera... como te lo prometi. Estoy trabajando dedicada a mi vocación
- Jeje... Verdad que me lo prometiste un día ¿Y en qué trabajas?
- Soy Psicopedagoga y tengo una oficina en el pueblo
- ¡Me alegro! Pero dime......... - guardo silencio
- ¿Si?
- Pero supongo que pololeas - y nuevamente ahí un silensio
- ¡Natalia! - vuelve a decir luego del silencio
- ¡Si, si! Estoy aquí
- Respondeme
- Pololie tres veces hasta ahora, pero no encontré lo que buscaba. Ninguno me robo nada
- ¿Y eso por qué?
- Bueno por que nadie se parece a nadie, toda persona es única e irreemplazable, es por eso que no he encontrado a nadie como tú
- ¡Natalia! - dice resignado
- Esteban, una vez te entregué mi alma. Nadie... ningún hombre pudo hacerla suya. Cuando te entregué mi alma lo hice con conocimiento de causa. No me arrepiento, fue invorrable
- Natalia....
- Dime
- ¿Sigues siendo mía?
- Siempre. Tal vez siga pololeando. quizás me llegue a casar o conviba con alguien. tal vez lleguemos a tener hijos. A pesar de todo eso seré tuya por que te entregué lo primero más valioso para mi que es mi alma, por que el alma es lo primordial. Esteban, ahora que te encontré nuevamente quisiera no perder el contacto contigo
- Yo tampoco mi sol, te escribiré todos los días
- Y yo te los responderé cada vez que pueda "mi lobito lindo"
- No quisiera cortar, deseo escuchar tu voz. Esa voz que es el reflejo de tu alma. Retomemos el pasado, vuelve a hablarme cosas bellas. ¡Oh Natalia mía!
- Cuando una de las tantas mañanas de Mayo me dijistes que me veía hermosa con la ropa que llevaba, me sonrrojé por ser la primera vez que me decias algo como eso. Fuistes todo un caballero y con el pasar de los días me comenzarón a llegar rosas cada una con hermosos mensajitos. Hata que cierta noche de Diciembre descrubrí el paraiso al dareme mi alma. Ese momento posee descripción alguna; sólo sensaciones y una de ellas fue volar y caer, sufriendo cambios que anhelo volver a sentir.
- ¡Natalia, Natalia mía! No encuentro adjetivo preciso a tus palabras que resuenan en mi oido
- Esteban ya es muy tarde
- Tienes razón.... soñaré contigo estanoche
- Descansa, ¡mira que por fin es Viernes!



Alengüei

El encuentro

Nuevamente tocaron en timbre para entrar a la sala, ahora les tocaba Biología y el profesor era exigente aunque trataba de no irritarse demasiado, su nombre era Cesar: usaba lentes y el pelo negro un tanto largo.

Como todos los días antes de la hora de su clase en su banco había una rosa con una nota que siempre dibujaba la forma de unos lentes. Él al entrar por la puerta ya ve el presente arriba de la mesa, y acercándose la coge mientras sonríe dejando sus cosas sobre la mesa corriendo cuidadosamente la rosita a un rincón. Y así pasaba todas las veces que tocaba con él. Uno de estos días esta niña fue sorprendida, en horas de recreo, por una inspectora que buscaba a la profesora del ramo anterior.

- Señorita – dice la inspectora - ¿se puede saber que hace urgeteando en el banco de profesor?

La niña asustada y nerviosa pensó: “¿qué tiene que venir hacer aquí esta santa señora?”

- ¡Ya pues niñita responda! ¿Qué hace aquí?
- Eh… pues vara, yo vine… vine a – guarda silencio:
” ¿Qué le digo? Se está impacientando. Habla po` Esperanza”
- Vine por un encargo tía
- ¿Qué encargo si se puede saber?

“Jaja – ríe sarcástica para si - , por supuesto que no se puede saber po` señora, pero si no le digo algo me va a molestas más"

- Claro tía, resulta es que una amiga mía me pidió que le hiciera un favor y como yo soy su mejor amiga, y confidente – agrego – no le podía decir que no. Usted comprenderá pues tía que hay cosas a las que una amiga no se le puede decir que no
- ¡Mm! Buenos esta bien le creo, ¿No sabe a donde se fue la profesora Patricia
- No lo sé tihita , salio de aquí y no la vi más
- Ya entonces me voy, chaito
- Chao tía

La niña al fin pudo normalizar su respiración y rápidamente dejo la rosa en el puesto, pero esta vez fue sorprendida infaganti por el mismísimo profesor Cesar

- Hola – dice sonriendo - ¿qué tienes ahí?

Ella agachó la cabeza esperando el reto o el posible sermón que probamente iba a venir dentro de muy pocos segundos pero fue otra la reacción por parte de él

- Por favor no te apenes, gracias, ¿Pero por qué me la das a mi y por qué la escondes? No entiendo – dice muy calmadamente
- por vergüenza, por que me gusta usted mucho

Ella seguía con la cabeza, gacha y aparir de ahora pensaba en que no lo podía mirar más a los ojos por que ya él sabe que a ella le gusta

- Es muy lindo lo que sientes, eres una niña que un día se olvidara de esto, no debes sentir vergüenza por ser honesta, si bien no pueda corresponderte, si aprecio y respeto lo que sientes

Ella entonces quedo enmudecida e inmóvil, él río gentilmente y dándole un beso en la frente le dice que se vaya a sentarse que la clase va a comenzar. La niña va a su puesto y los demás van entrando al salón.

Ese año era el último después no había más que ir en busca de la vocación de cada uno, de buscar un trabajo

Una mañana muy tibia de a comienzos de Diciembre se daba inicio a la ceremonia de graduación de los cuartos medios todo muy bien practicado, ensayado, ordenado etcétera. Uno a uno del cuerpo directivo y docente iba dando un discurso para crear conciencia en los saldrán y en los que los siguen el próximo año. No falta la profesora que se le sale un taco y casi se manda guarda abajo subiendo o bajando los escalones del escenario y algunas risas en medio de tanto lloriqueo son escuchadas por algún inspector que ronda haciéndolo callar con un dedo en el hombro del risueño. De pronto ya parecía llegar a su fin y alguna gente ya se retiraba, en ese momento la niña busca en medio de tanta gente desparramada a un profesor en especial. Y por fin lo encuentra hablando con otra profesora, la joven espera a cierta distancia a que el profeso se desocupe y una vez que lo hace él se voltea y la encuentra parada frente a él

- Hola Esperanza
- Hola profe, tome. Aquí esta la última rosita para usted
- Gracias

Ella se marcha con los ojos llorosos y no mira en ningún momento hacia atrás. No corre, pero si camina muy rápido. Y no supo más de este maestro

Años después de esa ultima escena de ese ultimo capitulo en sus vidas, ella consiguió estudiar lo que siempre quiso, pololeo una vez con quien en un comenzó fue su mejor amigo y aunque no estaba enamorada si lo amaba mucho pero le tenía un amor de hermano y aunque le repetía que lo quería mucho, después de todo no se engañaba ya que si lo quería mucho. Cierta tarde mientras ella entraba a una sucursal pagando algunas cuentas se da cuenta que no cambio en lo más mínimo ese sentimiento olvidado y aparentemente enterrado. Se detiene drásticamente al ver una carita que sabría recocer a pesar del tiempo y en donde fuera.

- Hola – dice después de acercarse lentamente y muy segura de que esta vez no dejara pasar la oportunidad de tenerlo nuevamente más cerca
- Hola – dice un hombre un tanto más alto que ella y sonriendo muestra ese gesto que por años soñaba volver a ver la jovencita
- ¡Qué sorpresa tan linda el volverlo a ver después de tantos años profesor! – dice ella aun de pie junto a un mesón
- Igualmente para mi es una linda sorpresa – dice Cesar -. ¿Y en qué estas ahora? Cuéntame
- Bueno trabajo en lo más me gusta, después de años de pasar obstáculos lo conseguí y ahora realice mi sueño que es trabajar fuera de Santiago, me fui a Paredones como la psicopedagoga de un colegio rural bien humilde y a la ves muy bello
- ¡Ah! Pero que bueno, al fin lograste el objetivo
- Así es porfe

Cesar no hacia mención alguna de lo que pasó hace ya varios años atrás aún sabiendo lo ella había sentido, y mientras hablaba él trataba de ver en los ojos de la joven un cierto brillo que de hecho la delataba inconciente. Ella también sabia y recordaba, aun así no se atrevió a decir nada por vergüenza a que vuelva a escuchar una muy elegante negativa por parte de él así que por parte de ella el tema quedaría cerrado conformándose con sólo volverlo a ver y por cierto mientras hablaba lo encontraba más atractivo, y con el pasar de los años las canitas le sentaban de maravilla, tenia aun muy pocas, sin embargo no se le veían mal.

- Esperanza – dice después de escuchar y hablar un buen rato
- Debo irme, voy atrasado – ella se calla y se encoje de hombros confirmando lo que buscaba Cesar
- Bueno – dice ella – no se preocupe yo también tengo que irme

Cesar anota un papel un teléfono y se lo pasa

- ¿Has ido al bosque? – dijo mientras se acomodaba los lentes
- Si – dijo ella –, he ido varias veces ya que hay lugares que me relajan mucho
- Si, a mi igual me gusta relajarme en un lugar apartado de la cuidad, con puros árboles alrededor y a veces caminar de noche en plena luna llena. – dice él como evocando un pasado quizás el cual no quería olvidar
- Bueno entonces si quieres nos podemos juntar en un lugar tranquilo ¿te tinca?
- Esta bien, en todo caso yo le llamo y le confirmo por si o por no.
- Nos vemos entonces, discúlpame, pero voy sumamente atrasado, pero no creas que no me dio gusto verte, sino todo lo contrario

Se fue muy presuroso y subió a un colectivo en la próxima calle. Ella se quedó mirando el papel y esperando despertar del sueño más real de su vida. Una señora le hizo el favor empujándola por detrás sin querer

- Perdone – dijo la mujer que iba tras un pequeñito que corría por el recinto - ¡Agustín, vuelve, tengo un chocolate!

Ella miró al pequeñito que se reía y se comía el chocolate. Luego miro el papel y se lo guardó en el bolsillo mientras se decía a si misma “le dio gusto verme jaja,”. Legó a la casa y esa tarde hacia las cosas con un ánimo especial. Tenía una semanita de vacaciones por lo que la supo aprovechar muy bien. Espero dos días y llamo a Cesar

- Alo – dijo tímida, “quizá se olvido que me dio su numero” pensó
- Alo ¿con quién hablo? – dijeron al otro lado de la línea
- Con Esperanza
- ¡A si! , perdona que no te haya reconocido ¿cómo estas?
.- Bien ¿y usted?
- Bien aquí esperando tu llamado

“Esperaba mi llamado” pensó

-Hola, ¿estas ahí? –preguntó la voz
- Si, si aquí
- ¿Y bueno que me dices?
- Qué si
-¡Qué bien! ¿Puedes mañana?
- si, si puedo, ahí nos vemos. ¿Puede ser a las cinco?
- Ningún problema, entonces ahí nos vemos. Cuídate
¬- Usted igual

Cuelga el teléfono y entonces sigue en sus quehaceres repitiéndose todo el tiempo que ya no es un sueño, si una realidad muy linda.

El lugar era hermoso, un bosque fértil y lleno de magia, era agradable estar ahí. Esta vez el no divago en ningún momento. Cesar estaba sentado en una roca mirando correr el río, cuando presintió unos pasos cercanos a él. Sin mover ni un músculo de su cuerpo quedose como estaba. Ella lo contemplaba mientras se acercaba tratando de no incomodarlo.

- Hola – dice finalmente ella presa de su timidez ya que trataba con un sueño platónico desde muy joven

El se volteo y sonriendo la miro luego la llama a que se siente a su lado, ella lo hace y quedan un rato mirando como el oleaje de río oscila.

- Esperanza ¿se acuerda usted de la conversación que tuvimos años atrás?
- Si profesor, si me acuerdo
- ¿Y que piensas de eso, ahora que estas mas grande?
- pues - ella agachó la cabeza levantándola al momento - aún sigo sintiendo lo mismo que hace años, y pareciera que ha quedado intacto, pero no importa si no se puede

Cesar sonríe...

- Es increíble que después de tanto tiempo nada haya cambiado – pero luego de algunos segundos se auto corrige - si, algo cambio: ya no estamos en el colegio y tú ya no eres más mi alumna

Se levanta yendo hacia ella y sin que la chica se levante, la abraza por la espalda y le dice "¿entonces por qué te sonrojas?"

- Por nerviosa que me puse, yo lo quiero mucho y aunque pololie una vez, igual siempre lo tenía presente

Él entonces la aprieta mas fuerte en el abrazo, pero esta vez no sonrío, sino que ahora estaba un poco mas serio. Ella cierra los ojos

“Estaré soñando”

- Sabes – dijo él de pronto -, habría sido muy feo hace tiempo atrás que un profesor sienta algo por su alumna, por una niña... pero ya no eres una niña, y ya no eres mi alumna... pero si siento algo por ti

Algo hizo corto circuito dentro de la muchacha, respiro hondo y continuo

-¿En serio o me lo dices para quedar bien? por que si me lo dices para quedar bien, mejor no me lo digas, yo sabre entender

-Si quisiera quedar bien, te diría lo mismo que te dije años atrás ¿qué debo hacer para que me creas?

"Si estas soñando – se dice a si misma - pero tienes que responderle" – dice una voz interior
"Es que no se me ocurre, no atino a nada" – dice ella nerviosa
"esta esperando" dice la voz apresurándola
“no se” – dice Esperanza moviendo la cabeza negativamente

Cesar suelta los brazos de ella.

-Está bien, es difícil creer, pero no quiero importunarte
-Jamás me inoportunas, menos ahora que te veo después de no se cuantos años – ella se levanta y lo abraza

El corresponde a su abrazo y con su mano derecha sobre su cabeza acaricia su pelo, mientras ella se saca los lentes y se hunde en su pecho para oler esa colonia que año tras año compraba después de salir del colegio. Cesar se separa un poco de Esperanza y con su mano tomó su mentón levantando su cara y la mira fijo a los ojos que están más brillosos que nunca y colocándose nuevamente los lentes para verle mejor.

- Cesar te quiero demasiado – susurró con un hilo de voz
- ¿Recuerdas ese beso en la frente?
- Si. Lo recuerdo muy bien
- Esta vez será diferente – dice acercándose a su cara muy despacito

Ella tiembla pronunciando su nombre, él sigue acercándose lentamente. Sus labios rozan suavemente y se detiene. Esperanza lo mira con el corazón en la boca y se acerca para luego alejarse

- ¿Pasa algo? – dice él a un centímetro de distancia
- Nada, es sólo que no me la creo
- Créelo por que yo igual estoy asustado

Esperanza cierra los ojos y el centímetro desaparece


Fin



Alengüei